«He aquí que la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel» (Is 7, 14 et Mt 1, 23).
La vocación de la Comunidad está toda ella escrita en este nombre: "Emmanuel"
Para llevar la salvación a los hombres, Cristo-Emmanuel ha venido al mundo, se ha hecho próximo se ha encarnado.
Para los miembros de la Comunidad, "ser Emmanuel" a imagen de Cristo significa vivir unidos a Dios en el mundo, aceptar llevar una vida sencilla en un espíritu de pobreza, acoger a María en su casa y participar en la misión de la Iglesia.
Una llamada
Se entra en el Emmanuel de diversas maneras y viniendo de múltiples horizontes: cristiano desde siempre, convertido o recomenzando de nuevo; casado y con familia, soltero o joven buscando su vocación. Algunos han sido tocados por la alabanza, la alegría, la liturgia, la oración, los cantos. Otros por la caridad fraterna, el aliento misionero y muchos otros carismas.
Querer conocer mejor el Emmanuel y entrar en él representa un momento importante en la historia de la persona. Este descubrimiento pasa, evidentemente, por el descubrimiento y el conocimiento de los miembros de la Comunidad de la región o del país donde vive. Y ellos se esforzarán en ayudarle a ver claro sobre este camino y la forma de enfocarlo, con toda libertad y según la historia de cada cual. Para ello los Estatutos de la Comunidad prevén un periodo de acogida y discernimiento de al menos dos años, durante los cuales podemos verificar juntos la autenticidad de esta llamada.
Una decisión
Entrar en la Comunidad y comprometerse en ella es una decisión, una elección que hace cada uno. El compromiso en la Comunidad se hace al final de esta etapa de discernimiento. Este compromiso se renueva cada año. Pierre Goursat, uno de los fundadores de la Comunidad, deseó que este compromiso fuera renovado por cada uno de manera libre y pudiera decidir, regularmente, reafirmar su elección.










