Skip to content. Skip to navigation
 
   
Emmanuel Internacional en: 
♦ ¿Quienes somos?
♦ Nuestra historia
♦ Un camino en Colombia
♦ Adoración, compasión y evangelización
¿Cómo orar?
Alabanza
De la adoración a la compasión
Evangelización
María, madre nuestra
♦ Amor y Verdad
♦ Buena Semilla
♦ Fidesco
♦ La Maisonnée
♦ Encuentros Comunitarios
♦ Ser miembro Emmanuel
♦ Formación
Documentación
Biblioteca Electrónica Cristiana
Programa de radio "Fuego y Esperanza"
♦ Todas las noticias
♦ Videos
♦ Intenciones de oración
CELAM

CEC


Vida nueva
minutodedios

radiomaria
RIIAL
Red Informática de la
Iglesia en América Latina

 
María, madre nuestra

Consagrar nuestra vida a María, es un medio privilegiado para encontrar a Jesucristo y amarlo tiernamente. Es un don total de si mismo, para la vida y la eternidad.

Todos los santos tuvieron una gran devoción a la Virgen, desde San Juan que la acogió en su casa tras la muerte de Jesús, hasta los santos de nuestro tiempo.

Juan-Pablo II, cuyo lema era “Totus tuus”, rezaba el rosario silenciosamente, en todo tiempo y lugar.

"Soy la sierva del Señor hágase en mi según tu palabra". Eh aquí el lema de María. Ella nos conduce a Dios, invitándonos a la penitencia, a orar para los pecadores, a convertirnos para que el reino de Dios, que es el del Amor, pueda extenderse en el mundo. Consagrándonos a ella, entramos en el “Sí” de María. Ahí esta la verdadera libertad…

El Espíritu de esta consagración es volver un alma dependiente del amor a la Santísima Virgen, y a través de ella al mismo Jesús.

Consagrarse a María, solo tiene sentido en la medida que ella nos lleva hacia Cristo y nos ayuda a vivir nuestra vocación en el mundo.

San Luis María Grignont de Monfort (1673-1716), aquel gran santo mariano, nos dejó una oración de consagración que los miembros de la Comunidad del Emmanuel han adoptado, rezándola cada día.


Consagración a Maria

Te escojo hoy, ¡oh, Maria!
en presencia de toda la corte celestial
por Madre y Reina mía.
te entrego y consagro con toda sumisión
y amor, mi cuerpo y mi alma
mis bienes interiores y exteriores
y hasta el valor de mis buenas acciones
presentes, pasadas y futuras.
Dejándote entero y pleno derecho
de disponer de mí
y de todo cuanto me pertenece
sin excepción, según tu agrado
para mayor gloria de Dios
en el tiempo y la eternidad.
Amen
inicio Comunidad del Emmanuel - Colombia, 2009-2011 / webmaster@emmanuel-colombia.info